Aquello que somos

Uno de los principales problemas de este bendito país es una falta terrible de autocrítica y una incapacidad enfermiza de reconocer nuestros propios errores. Algo que viene ya de lejos, de cuando éramos la referencia mundial  y dominábamos los mares. Cuando aquella armada, a la que apodaron la invencible, sucumbió ante los barcos de la pérfida Albión. En esa ocasión, por supuesto, la culpa fue de los elementos y el segundo Felipe nunca pensó que igual algo hicimos mal.

Alguien dijo una vez, trabaja para ser el mejor pero nunca pienses que lo eres. Aquí nos aprendimos la máxima inversa pensando que éramos los reyes del mambo y  aprovechamos cualquier pequeño resquicio de luz, real o inventado, para escapar de esa mediocridad en la que nos hemos instalado. Claro que debemos disfrutar del éxito pero que el logro no esconda otras deficiencias quizás más importantes.

Nos aferramos a unas banderas anacrónicas para defender lo nuestro y justificar los desmanes de los compadres, menospreciamos al supuesto oponente y vivimos en una eterna lucha de unos contra otros, colocando piedras en vez de tender puentes. Somos expertos en marcar líneas rojas que esconden nuestra incapacidad para dialogar y llegar a acuerdos, amparados en estereotipos y generalizaciones.

Disfrutamos de la imposición de etiquetas que facilitan nuestra comprensión del mundo, negro o blanco, obviando que existen infinitos matices que pueden facilitar el acercamiento si ponemos en valor lo que nos une y no aquello que nos distancia. Nos hemos acostumbrado a construir las casas por el tejado y flotamos en un cortoplacismo enfermizo que impide aposentar los cimientos de un edificio que pueda resistir las inclemencias del destino. La paciencia es una virtud y sólo con sacrificio se obtienen resultados ambiciosos.

Las ciudades, los pueblos, los territorios en general son inteligentes y prosperan porque sus habitantes lo son, para ello la inversión en educación es esencial y no debe estar condicionada por el color del gobierno de turno. Fomentar la cultura y el aprendizaje que permita el desarrollo de mentes críticas con capacidad de análisis y reflexión, alejadas de la comodidad de lo banal. Personas que distingan entre el fondo y la forma, la ética y la estética, competentes para crear y divergir pero audaces para sumar y cooperar. En estos años complejos que nos ha tocado vivir la educación es lo que otorga la libertad

Me resulta rancio y arcaico hablar en estos tiempos de izquierda o de derecha, una simplificación que permite escudarse tras la ideología en vez de proponer y debatir ideas. El sentido común es el menos común de los sentidos y todo es más sencillo de lo que parece, el problema es cuando hay muchos que viven de la complejidad. Creo que la única patria del hombre son aquellas experiencias que habitan en su ser, lugares a los que siempre puedes volver y que cualquier exaltación nacionalista exacerbada genera intolerancia.

Decía el poeta que si en esta ingrata piel de toro la gente sólo hablara de aquello que sabe dispondríamos de un silencio precioso para reflexionar. Y si hubiera llegado el momento de meditar y ponernos en marcha, y si fuéramos capaces de reparar en aquello que nos une y no en lo que nos separa, y si de verdad empezáramos a construir los cimientos de lo que queremos ser para volver a estar orgullosos de lo que somos.