Estimado Carlos:
¿Cómo va todo?
Han pasado ya 15 años desde que te fuiste, aquella maldita mañana de junio. Este año, no te creas que me había olvidado de escribirte, simplemente que las Musas estaban de vacaciones y han tardado en regresar al Parnaso. En este siglo mediado que cargamos, cada vez hay más interrogantes y menos certezas.
Más que de aquellas Musas, hoy pensaba en las Parcas. Nona, Décima y Morta, las tres hermanas divinas que, según los romanos, regían el destino de dioses y mortales, desde el nacimiento hasta la muerte, tejiendo y cortando el hilo de la vida. Aquellas que hilaron nuestra amistad y me abrieron un nuevo camino vital que marco mi vida en un lugar de los Monegros. Las mismas que decidieron cercenar el cordón aquel día 14.
Me viene a la cabeza tantos buenos recuerdos que endulzan el sabor amargo de tu partida. Esa nostalgia que punza el corazón y mantiene viva tu presencia. En estos años han pasado muchas cosas, la vida se ha puesto cuesta arriba y nos ha dado muchas lecciones que no siempre recordamos. Tenemos más cicatrices que nos recuerdan lo efímero de la existencia y, a la vez, que el infinito está en ese momento mágico, si somos capaces de apreciarlo. La receta es pensar menos y sentir más, tratando de disfrutar de esta senda, unas veces pedregosa, otras alfombrada por la hierba bendecida por el rocío.
Ya huele a albahaca y la tierra que tanto amabas sigue su rutina, las cosechadoras abandonaron ya los campos de El Rebalsal y el grano duerme ya en los graneros. Nuevos cultivos surgen con fuerza continuando el ciclo, en ese oficio de agricultor cada vez más olvidado.
Estoy convencido de que jamás nos dejaste, y el cierzo de Montesusín nos cosquillea la sien para recordarnos que nadie se va si permanece en el corazón de aquellos que lo quisieron.
Un fuerte abrazo amigo
Qué lecciones nos enseña el hilo de la vida tejido por las Parcas… que incluso cuando parecen cortarlo, solo cambian de color. Me parece que este amigo se ha convertido en una de esas estatuas de piedra que tanto abundan en los Monegros, solo que con más sentimiento. Y sí, la vida da lecciones duras, pero al final, lo único que nos queda es disfrutar de la hierba bendecida por el rocío y la albahaca, ¡menos mal que los granos ya duermen! Aunque aquí uno se pregunta si el cierzo de Montesusín no es más que una forma de recordarnos que el abrazo virtual nunca pasa desapercibido. Un fuerte abrazo virtual también para ti, amigo mío.
Muchas gracias por tu palabras. Un abrazo