Detectar y potenciar el talento. Asistir a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Girona 2026, celebrada el pasado 14 de julio en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, fue una magnífica oportunidad para reflexionar sobre una palabra que utilizamos con frecuencia, pero creo que no siempre comprendemos en toda su profundidad: TALENTO. Un sustantivo hermoso, aunque peligrosamente manido.
Decimos que una persona posee talento cuando destaca, cuando consigue resultados extraordinarios o cuando hace algo que parece estar fuera del alcance de los demás. Sin embargo, solemos fijarnos en el talento cuando ya ha florecido. Cuando ha obtenido premios, alcanzado notoriedad o demostrado su capacidad. Nos cuesta mucho más reconocerlo cuando todavía es apenas una semilla.
Y precisamente una semilla es la figura que inspira el galardón de los Premios Princesa de Girona: una representación de todo aquello que cada joven lleva dentro y que necesita unas condiciones adecuadas para germinar, crecer y convertirse en algo valioso para la sociedad.
Detectar y potenciar el talento | El talento compartido llega más lejos
La edición de 2026 tuvo como hilo conductor el poder del talento compartido.
La gala reconoció a seis jóvenes referentes de España y Latinoamérica cuyas trayectorias están generando impacto en campos tan diferentes como el emprendimiento, la investigación científica, la creación artística y la acción social: Hatim Azahri, Patricia Aymà, Gemma Blasco, Rafael Luque, Mercedes Bidart y José Eduardo Méndez.
Seis personas diferentes. Seis historias. Seis maneras de entender el compromiso, la vocación y la capacidad para transformar una idea en una acción que mejora la realidad. Pero también seis ejemplos de algo que conviene recordar: el talento nunca se desarrolla completamente en solitario.
Detrás de cualquier trayectoria valiosa suele haber una conversación, un maestro, una familia, una oportunidad, una organización, una palabra de aliento o alguien que decidió confiar cuando todavía no existían resultados que justificaran esa confianza.
Durante la ceremonia se habló de inspiración, esfuerzo, aprendizaje y de la importancia de las personas que acompañan una vocación. Una idea especialmente relevante en un mundo que tiende a presentar el éxito como el resultado exclusivo del mérito individual.
Por supuesto que el esfuerzo importa. También la disciplina, la perseverancia, la curiosidad y la voluntad de continuar cuando aparecen las dificultades. Pero el talento necesita un ecosistema amigo. Precisa alguien que lo vea.
Detectar y potenciar el talento | Detectar el talento exige aprender a mirar
No siempre reconocemos el talento porque tenemos una idea demasiado estrecha de cómo debe manifestarse.
Durante años, muchos sistemas educativos y organizaciones han premiado principalmente la obediencia, la memoria, la rapidez de respuesta y la capacidad para adaptarse a una forma establecida de hacer las cosas. Sin embargo, el talento puede aparecer bajo formas mucho menos previsibles.
Se esconde detrás de una pregunta incómoda, de una sensibilidad diferente, de una afición aparentemente inútil, de una persona introvertida que apenas interviene en una reunión o de alguien que no encaja en los modelos tradicionales.
Hay personas que tardan en encontrar su lugar. Otras necesitan confianza antes de mostrar todo lo que llevan dentro. Algunas no destacan en un examen, pero son capaces de conectar ideas, comprender a los demás, crear soluciones, movilizar equipos o percibir detalles que pasan inadvertidos para todos.
Por eso, detectar el talento no consiste únicamente en medir. Consiste, sobre todo, en observar, escuchar y conversar. Necesitamos profesores y facilitadores que vean posibilidades donde otros solo observan dificultades.
Directivos que no se limiten a buscar carencias, sino que sean capaces de reconocer capacidades. Organizaciones dispuestas a preguntarse no solo qué sabe hacer una persona, sino también qué podría llegar a hacer si recibiera la oportunidad, la formación y la confianza necesarias.
Familias que comprendan que acompañar no significa diseñar la vida de sus hijos, sino ayudarles a descubrir quiénes pueden llegar a ser.
Uno de los mensajes más significativos pronunciados durante la ceremonia fue la necesidad de “cultivar, comprender y cuidar” el talento joven. La princesa Leonor recordó el caso de Hatim Azahri y el papel que desempeñaron unas maestras capaces de ver su potencial y no quedarse únicamente con su origen o sus circunstancias.
Quizá ahí comienza todo: en alguien que decide mirar más allá de las etiquetas y los prejuicios.
Detectar y potenciar el talento | Potenciar no es presionar
Descubrir una capacidad es solo el principio. El talento que no se trabaja puede convertirse en una posibilidad desperdiciada. Potenciar el talento significa proporcionar herramientas, experiencias, formación, responsabilidad y oportunidades para equivocarse. Significa acompañar sin asfixiar, exigir sin humillar y corregir sin reducir a la persona a sus errores.
No se trata de decir constantemente a alguien que es extraordinario. Se trata de ayudarle a comprender que una capacidad solo se convierte en una competencia cuando se entrena de manera consciente y sostenida. El talento necesita hábitos, paciencia y mucho esfuerzo.
Exige aprender a convivir con la frustración y entender que la excelencia no es un instante de inspiración, sino una forma de relacionarse diariamente con aquello que hacemos.
El rey Felipe VI destacó durante la ceremonia que las historias de los premiados comenzaron con una emoción o una curiosidad que decidieron perseguir y que fueron creciendo gracias al esfuerzo, la formación, la perseverancia y el aprendizaje. El talento puede abrir una puerta, pero será el trabajo continuado el que nos permita recorrer el camino.
Detectar y potenciar el talento | Poner en valor no significa presumir
Existe una tercera tarea que con frecuencia olvidamos: hacer visible el talento.
Vivimos en una sociedad extraña. Nos quejamos de la falta de referentes, pero muchas veces dedicamos más atención al ruido que a la verdadera aportación. Premiamos la visibilidad sin mérito y, al mismo tiempo, encontramos sospechoso que una persona competente explique lo que sabe hacer.
Poner en valor el talento no va de alimentar el ego ni convertir cada pequeño logro en una campaña de autopromoción. Significa explicar con claridad qué aporta una persona, un proyecto o una organización. Implica darle oportunidades para demostrarlo y reconocer públicamente el esfuerzo con objeto de compartir historias capaces de inspirar a otros.
Los referentes son importantes porque amplían el horizonte de lo posible. Cuando un joven conoce la trayectoria de alguien que partió de un contexto parecido al suyo, comprende que también puede construir un camino propio.
Durante la gala, la princesa Leonor se refirió a los seis galardonados como algunos de sus verdaderos “influencers”: personas admirables no por su popularidad, sino por su inteligencia, su compromiso, su creatividad y su capacidad para convertir sus ideas en acciones con impacto social. Es una distinción esencial. No todo el que influye aporta valor. Y no todo el que aporta valor alcanza la visibilidad que merece.
Detectar y potenciar el talento | El talento también necesita humanidad
En plena expansión de la inteligencia artificial, las organizaciones buscan desesperadamente nuevos conocimientos y competencias tecnológicas. Es lógico. Debemos aprender a utilizar las herramientas que están transformando nuestra forma de trabajar.
Pero, como he ido planteando en artículos anteriores, es fundamental que prestemos la misma atención a aquellas capacidades que nos ayudan a seguir siendo profundamente humanos.
El talento del futuro no será solamente técnico. Será la combinación entre conocimiento, competencias humanas, valores, propósito y legado. No bastará con saber hacer cosas. Habrá que comprender para qué las hacemos, a quién afectan y qué clase de sociedad estamos ayudando a construir.
Por eso, la tarea de detectar y desarrollar el talento no puede quedar reservada a los departamentos de recursos humanos, a las escuelas o a determinadas instituciones. Es una responsabilidad colectiva. Cada vez que escuchamos de verdad a una persona, podemos descubrir una capacidad que desconocíamos. En el momento que ofrecemos una oportunidad, activamos un proceso de transformación. Cuando reconocemos un esfuerzo, impulsamos a alguien a continuar. Y si compartimos el talento, multiplicamos su impacto.